ACTIVIDAD del

Club de Montaña y Senderismo de la Universidad Complutense de Madrid

en colaboración con el Club Alpino Madrileño


  

                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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23 de noviembre del 2013 

El camino de las Presas

Pontón de la Oliva - Navarejos - La Parra


 

Duración aproximada 5 horas

Dificultad: Tres estrellas

   

A mediados del siglo XIX, la Corona estaba preocupada por el suministro de agua a Madrid, que por entonces contaba con algo más de doscientos mil habitantes, aunque crecía rápidamente, y se abastecía del agua que brotaba de 77 fuentes públicas, en las que se instalaron 128 caños para llenar las cubas de los 950 aguadores que funcionaban en la ciudad, y que repartían unos 2.150 m3 diarios de agua. En una época tan convulsa, el 18 de junio de 1851, siendo Presidente del Consejo de Ministros don Juan Bravo Murillo, se dictó el Real Decreto que dispuso la realización de los trabajos de suministro de agua a Madrid a través de un canal derivado del río Lozoya.

Tras los pertinentes estudios, se diseñó un sistema de suministro «a lo romano»: un largo canal de 77 kms. de longitud llevaría el agua a Madrid desde una presa a construir en una garganta natural conocida por los lugareños como el «cerro de la Oliva», a escasa distancia de la desembocadura en el río Jarama.

 

Tras los pertinentes estudios, se diseñó un sistema de suministro «a lo romano»: un largo canal de 77 kms. de longitud llevaría el agua a Madrid desde una presa a construir en una garganta natural conocida por los lugareños como el «cerro de la Oliva», a escasa distancia de la desembocadura en el río Jarama.

 

El día 11 de agosto de 1851 se puso la primera piedra de la presa, y con la colaboración no siempre entusiasta de 1.500 presos de las guerras carlistas que padecieron duras condiciones y hasta una grave epidemia de cólera, las obras de la presa finalizaron. Un par de años más tarde, el día 24 de junio de 1858, quedó inaugurado el primer sistema del Canal de Isabel II.

Hasta aquí todo había ido bien, pero si los ingenieros hubieran hecho caso a los lugareños, la cosa hubiera sido mejor. No quisieron los ingenieros que diseñaron el pontón atender a los consejos de los lugareños respecto al lugar en que estaban construyéndolo, y efectivamente, muy pronto aparecieron iltraciones que arruinaron la capacidad de embalse del pantano. En 1860 hubo que prolongar con suma urgencia el canal aguas arriba de la presa hasta alcanzar el nivel del río y construir la pequeña presa de Navarejos, para poder tomar el agua del río en las épocas de estiaje donde el nivel del Pontón de la Oliva descendía, debido a las filtraciones, por debajo del nivel del canal de salida. Pocos años después de ser construida, la presa pionera de Madrid cayó en desuso y fue sustituida por la del embalse de El Villar, ubicada 22 km aguas arriba e inugurada en 1882.

 

Haciendo de la desgracia virtud, vamos a aprovechar la nula capacidad del Pontón de la Oliva de embalsar agua para recorrer a pié lo que debería haber sido su cubeta.


Ascenderemos al propio Pontón (sus 27 metros de altura suponen toda una escalada) y descenderemos cuidadosamente por el otro lado siguiendo un camino en suave diagonal hacia el río. Una vez abajo, el camino discurre paralelo al río, que forma varios meandros en esta zona. El recorrido es sencillo pero variado en paisaje, vegetación, edificaciones e instalaciones propias de aquel primer Canal de Isabel II.

 

Al cabo de un tiempo alcanzaremos la presa de Navarejos, que hubo que construir en el tiempo récord de cinco meses, en 1860, apenas dos años después de inaugurado el Pontón de la Oliva. Y un poco más arriba, encontramos la presa de la Parra, casi debajo del apabullante muro del embalse del Atazar, coloso entre los colosos.

 

Una vez en la presa de la Parra, decidiremos sobre el propio terreno el lugar en que finalizará el recorrido.

 

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